Los mapas como herramienta
martes 08 de mayo de 2001, Jesús Muñoz. Real Jardín Botánico, CSIC. Madrid
La utilización de mapas y otras representaciones del terreno nos permite estudiar la biodiversidad presente en un área, pero también nos ofrece la oportunidad de realizar predicciones acerca de la presencia/ausencia de determinados organismos, planificar el uso del territorio y su conservación así como restaurar biotopos degradados.
Los mapas son una herramienta fundamental en nuestro trabajo de investigación botánica. Para empezar, nos permiten llegar a los sitios en donde trabajamos; más tarde nos permiten visualizar estructuras espaciales que de otra forma –como en descripciones de texto– serían difíciles de entender. Por último, son la forma en la que presentamos una parte de los resultados de nuestra investigación: la distribución geográfica del grupo estudiado. En botánica se han utilizado varios métodos para hacer mostrar las distribuciones de las plantas: mapas de puntos, en los que cada punto representa un ejemplar o una localidad; mapas de contornos, en los que se muestra un área que incluiría la distribución conocida o supuesta; mapas de cuadrículas, en los que toda una cuadrícula de un sistema de coordenadas se muestra rellena aunque la planta sólo se conozca de un área mucho menor; o mapas por divisiones administrativas, en las que se mostraría toda la división administrativa –país, comunidad autónoma, provincia, etc.– de la que se conociese la planta, aunque sólo fuese de un único ejemplar. Todos estos métodos tienen ventajas e inconvenientes: los mapas de puntos nos muestran de donde se conoce la planta, pero no su distribución potencial (área que reúne las condiciones ambientales que consideramos necesarias para que viva el organismo estudiado, aunque éste no se haya encontrado allí todavía); los mapas de contornos, de cuadrículas o de divisiones administrativas puede parecer que nos muestran distribuciones potenciales, pero en realidad lo que hacen es mostrarnos, con muy poca exactitud, lugares de los que se conoce el organismo estudiado. En territorios en los que se ha estudiado la flora y la fauna desde antiguo los mapas de distribución potencial tienen una utilidad limitada, ya que la distribución real se conoce con relativa exactitud. Un ejemplo sería España, o Europa. De todas formas, estos mapas están ganando actualidad como herramienta de trabajo a la hora de diseñar planes de recuperación de especies de las que el hombre ha reducido drásticamente sus poblaciones o, simplemente, las ha extinguido. Un caso muy diferente son los trópicos, de donde el conocimiento de la diversidad botánica o zoológica es muy pequeño. Cualquier mapa de distribución que se refiera al trópico no pasa de ser una estimación a la baja de la distribución real del organismo estudiado. En nuestro proyecto elaboramos mapas de distribución potencial de musgos a partir de variables climáticas conocidas. Si nos planteamos hacer este tipo de cosas fue porque desconocemos casi todo acerca de los musgos neotropicales (neotrópico: área tropical y subtropical del continente americano), especialmente sus distribuciones. ¿En qué consiste lo que hacemos? Partimos de la base de que la distribución de los organismos, ya sean musgos o monos, está en equilibrio con determinados factores ambientales. En el caso de las plantas los principales factores que determinan el que una especie crezca o no en un lugar serán de tipo climático, el tipo de suelo e interacciones bióticas (procesos de competencia con otras especies, fuego, cultivos, etc). De los factores anteriores sólo tenemos buena cobertura geográfica de aquellos de tipo climático. Con estos obtenemos los primeros resultados, que pueden ser posteriormente refinados a partir de otros datos.
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